Ayuntamiento de Caleruela (Toledo)
Ayuntamiento de Caleruela (Toledo)

Historia

Se ha dicho que Caleruela carecía de historia, pareciendo a este respecto como la cenicienta del antiguo Señorío de Oropesa. Sin embargo, el inicio de las obras de ampliación en su iglesia ha sido como el abrirse de un libro arcano, en cuyas páginas se ha podido sorprender el pasado casi prehistórico de este  lugar y deducir su trayectoria histórica.

 

CALERUELA EN LA EDAD ANTIGUA

De las zanjas excavadas en abril de 1.963 para los cimientos de la ampliación del templo se exhumaron dos sarcófagos, dos piezas completas, de claro perfil ibero-romano. Estaban situados en línea, orientados al Este. Y muchos son los testigos de algunos más que exhibiendo bellos perfiles, enteros y hasta con su pétrea tapadera, permanecen bajo aquel sagrado pavimento. De los diversos trozos que se extrajeron sin dificultad destaca uno, cabecera de otro sarcófago, decorado al exterior por una tosca figura esculpida en relieve. Se trata de una imagen femenina, frontal, dotada de fuerte hieratismo.

También se encontró una inscripción romana sobre un ara de granito de 0,63 metros de altura, 0,24 de anchura y 0,27 de grueso, con una moldura en uno de los lados. La inscripción consta de diez líneas, la última partida. Las cinco primeras son de difícil lectura por tener deteriorada la epigrafía. En ellas va el nombre del ofertante, que por lo que pudieron leer parece ser un indígena.

Se  trata de un ara dedicado a la diosa veona Ataecina. Es de notar que el culto a esta divinidad hasta ahora se había creído que concluía en Mérida; no obstante, a raíz de estos hallazgos de Caleruela nos consta que dominó hasta el centro occidental de la Península. Así lo comunicó D. José Ramón y Fernández Oxea, de la Real Academia de la Historia, comentando el caso.

Otra inscripción romana apareció con posterioridad, que a los profanos en la materia resultó indescifrable. Es de características similares a la anterior, coronada ésta por tres molduras y círculo en el centro.

Por lo hallado puede inferirse que en este solar, a la par que fue sólida necrópolis de los hijos de la primitiva Caleruela, ellos erigieron un santuario a la diosa Ataecina, que, después de su conversión al cristianismo, transformaron en iglesia cristiana.

Por aquí pues, corría la vía militar romana que unía Emérita Augusta (Mérida) con Cartago Nova (Talavera de la Reina) y Toletum (Toledo), pasando por Talavera la Vieja (hoy inundada por el pantano de Valdecañas) y Caleruela.

 

CALERUELA VISIGODA Y ÁRABE

A mediados del siglo V los visigodos lograron imponerse en la Península, ocupando todos sus pueblos. Caleruela también fue dominada y una vez restablecida la paz y en particular a partir del año 589, fecha de la conversión de Recaredo y de la nobleza visigoda, dentro de las escasas posibilidades que son de suponer, floreció en ella la religión cristiana y alentó el arte con que ornamentaron su templo. Cuanto se expone es fácil colegirlo por los numerosos y pequeños fragmentos con relieves de aquel estilo y de los trozos de columnillas de rico mármol blanco con la clásica decoración biselada y seca de los visigodos. Todo esto se seleccionó de entre las piedras que arrojaron los muros de la nave de la iglesia al ser ésta derribada. Igualmente, al abrir las zanjas de los nuevos cimientos, se observaron muchas fracciones de "tégula" romana, usada por los visigodos a efectos funerarios. Es probable que este resurgir acaeciera cuando San Ildefonso ocupaba en la sede Arzobispal de Toledo, en la segunda mitad del siglo VII.

Y como quiera que los visigodos eran una raza eminentemente ganadera, nada de extraño tiene que los nativos de Caleruela vivieran plácidamente en aquella época entregados a lo que siempre fue su base de vida: el ganado. Esta tierra es precisamente abundante en pastos sabrosos y permanentes. De la protección dispensada por los reyes visigodos a la ganadería baste citar la ley novena del Código de Eurico, que dice: "No tiene castigo quien con sus ganados atropelle una finca de labor."

Con la llegada de los árabes a España, desde el año 711 hasta que Alfonso VI conquistó Toledo el año 1.085, queda abierto en Caleruela un paréntesis. Sucede lo mismo que en tantos otros poblados. Caleruela entonces debió despoblarse en parte por la avalancha de los musulmanes, en parte por las pestes que, efecto de las guerras, asolaron muchos lugares. No obstante se han recogido algunos cipos del influjo de los árabes.

 

CALERUELA DESPUÉS DE LA RECONQUISTA

A continuación de la conquista de Toledo a los árabes, a finales del siglo XI, vuelve a repoblarse Caleruela con las familias que vienen de Castilla tras la espada de Alfonso VI. Acompaña, entre otros muchos nobles, al rey castellano, prestándole sus servicios guerreros, un hermano del emperador de Grecia. Se llama don Pedro Paleólogo. Y el rey, en recompensa, le concedió todas éstas tierras. El importado griego se asentó en Oropesa, lugar el más estratégico y dominador de toda la vasta comarca que desde ella se divisa, y la convirtió en capital de la misma. Sus descendientes son los que construirían los célebres castillos. En la Edad Media se nos muestra, por tanto, Caleruela, perdida su autonomía, sometida en todo al dueño de Oropesa, como una aldea más de su Señorío.

Caleruela, desde esta fecha, compartirá ya las alternativas, cargas y privilegios de los vecinos de Oropesa en relación con sus señores. Entre otros privilegios que se custodiaban en el archivo municipal de Oropesa figuraban los siguientes, que aludían a sus villas y, por ende, a Caleruela. De paso estos documentos reflejan algún rasgo curioso de aquella vida.

Había uno en pergamino con su sello de plomo, pendiente de un hilo de seda de colores, que dio en Cifuentes el 24 de agosto de 1.272 el rey D. Alfonso X el Sabio y que se confirmó por varios reyes y señores. Por él se declaran libres de todos pechos a los poblados de Oropesa y sólo les quedaba como tributo el de moneda y martiniaga.

Otro de D. Nuño, Alférez y Mayordomo mayor del rey Alfonso XI, fechado en Paredes de Nava en 25 de enero de 1.339, para que el Concejo y vecinos de Oropesa y sus aldeas pudieran elegir alcalde de entre ellos mismos anualmente.

Otro de D. García Álvarez de Toledo, firmado en Burgos a 9 de febrero de 1.365, confirmando todos los derechos anteriores otorgados a Oropesa y sus aldeas, en nombre del rey.

Don García fue Maestre de Santiago, pero por renunciar al Maestrazgo en obsequio de D. Gonzalo Mejía, favorito del rey D. Enrique II, éste le donó para siempre jamás, con otras villas, a Oropesa con todas sus aldeas y haciendas. Así se lee en un documento rodado que dio el Rey en la ciudad de Toledo a 9 de mayo de 1.366. Luego vemos a D. García con su Cuerpo de Ejército, integrado por hombres de estas tierras, siguiendo a D. Enrique por los Campos de Montiel contra D. Pedro el Cruel y en las guerras contra los moros.

De estos años nos han conservado las generaciones de Caleruela una imagen de la Virgen con el niño en brazos, de reducido tamaño, tallada en madera, y otra casi idéntica de Santa Ana, del siglo siguiente, siglo XV. La imagen de Santa Ana se veneró en su ermita, de la que se hablará más adelante, y la de Nuestra Señora en la primitiva iglesia, que heredó de los visigodos la Baja Edad Media. Ellas son testigos de las penas y fervores que los buenos caleruelos experimentaron en aquellos azarosos tiempos y contemplaron a todos bajar a la tumba que la misma iglesia les abría en su sagrado recinto. A finales del siglo pasado estas dos imágenes se retiraron del culto hasta que, considerando su inmenso valor y con la garantía que brindaba la Dirección General de Bellas Artes, se encomendó su restauración a los talleres que ésta tiene anejos al Museo del Prado de Madrid el día 10 de agosto de 1.962. Tras estar varios años depositas como verdaderos tesoros en el Palacio Arzobispal de Toledo, hoy se pueden contemplar en sendas hornacinas de la iglesia parroquial.

 

CALERUELA EN LA EDAD MODERNA

El documento más antiguo son cinco pliegos escritos el 6 de marzo de 1558 por D. Francisco de Villanueva, Notario Oficial del Reino, donde se afirma con una seriedad impresionante de testigos y juramentos que la Cofradía de San Juan Evangelista posee quince fanegas de tierra de sembradura repartidas en tres sitios distintos; uno estaba al camino real de Calzada de Oropesa; otro, en la dehesa del Merino, y el tercero por encima de la cañada de los linares en Caleruela; más "una casa en el barrio de arriba de este dicho lugar, la cual tiene por linderos a la parte de gallego y ábrego la casa del señor D. Juan Bernal, Cura de este lugar...", dato, el último, que nos revela cómo y dónde en Caleruela residía el párroco propio.

El 30 de junio de 1562 y ante el secretario de la villa de Oropesa, Pedro Solís, D. Francisco Vázquez fundó lo que conocemos por el título de "Las Memorias de Vázquez", a favor de los pobres de la comarca, correspondiendo a Caleruela el valor de tres fanegas y media de trigo. Esta cantidad se debe distribuir de común acuerdo por el sacerdote y el alcalde.

Incoado el 24 de marzo de 1556, en el archivo del Ayuntamiento nos encontramos un codicilo en el que se habla de la concesión, en censo enfitéutico, de 681 fanegas de tierra que otorgó el Conde de Oropesa d. Francisco de Toledo, después Virrey del Perú, a todos los vecinos de Caleruela y sus descendientes por siempre jamás dada su digna conducta religiosa, social y moral, por la pensión anual de 195 fanegas de trigo pagaderas para la Virgen de agosto de cada año.

Por lo que leemos en el libro más antiguo de "Autos de Santa Pastoral Visita", del que están arrancadas las primeras hojas, nos enteramos de que en Caleruela existía una ermita dedicada a Santa Ana. De esta ermita en un Inventario de 1797 se nos refiere que se hallaba en muy mal estado, y pocos años después veremos más adelante, que no se habla de ella. En la actualidad no queda de esta ermita nada en absoluto, ni siquiera el recuerdo de su ubicación.

A Santa Ana en el Señorío de Oropesa siempre se la veneró con profunda devoción. En el mismo Oropesa tuvo otra ermita que se arruinó en agosto de 1793. En Lagartera aún permanece su ermita. En el templo de Herreruela siempre ha habido una imagen de Santa Ana y otro tanto diríamos de los demás pueblos.

En el auto de 1575 se ven las gestiones que se llevan a cabo con el pintor de Ávila, Diego de Rosales, respecto a los retablos que hay en el presbiterio. El retablo mayor se trajo de Ávila en 1582. En el auto de esta fecha se especifica que el mismo que le hizo le pintó, lo que costó traerle de Ávila y asentarle. Los dos retablos que hay a cada lado del presbiterio son exactos, de estilo clásico renacentista, mientras que el mayor es de un plateresco admirable.

 

CALERUELA EN LOS SIGLOS XVII, XVIII Y XIX

Desde primeros de 1600 acudieron durante muchos días de Caleruela a Oropesa dos vecinos junto con el alcalde, Sebastián Muñoz, quienes con los representantes de otros lugares del Señorío, convocados por el Concejo de aquella villa, redactaron las 188 "Ordenanzas", que habían de regir a todas sus gentes "a honra y servicio de Dios y para el bien público", como indica el prólogo de las mismas.

Del 1630 al 1635 se sucedieron años de cosechas tan escasas que empujaron a los caleruelos a suplicar a la Condesa de Oropesa, Dña. Mencía Pimentel y Mendoza, tutora del Conde D. Duarte, dueño directo, que redujese en 50 fanegas la renta que debían abonar. La Condesa accedió benévola, concediéndoseles la reducción del canon solicitada para los seis años siguientes. Pero la tierra continuó hosca y el referido D. Duarte, el 18 de diciembre de 1641, dio carácter de permanencia a aquella reducción temporal en estos términos: "de aquí en adelante por todo el tiempo que fuere mi voluntad".

Otro año que marca un hito en la historia de Caleruela es el 1650. En él nuestra aldea, como otras de la jurisdicción de Oropesa, se declaró villa independiente y exenta por reales decretos de Felipe IV.

Por la mitad del siglo XIX quedó exterminada la Puebla de Naciados o de Santiago. Según cuentan una plaga de parásitos redujo a polvo las maderas de la mayor parte de las viviendas y todos sus habitantes emigraron. En Caleruela, que distaba de la Puebla 4 Km. arraigaron muchos de ellos. La Puebla fue una villa muy importante, tenía anejos en El Gordo, Berrocalejo y Valdeverdeja. También poseyó una ermita dedicada a San Juan, a la que iban en romería todos los vecinos el primer domingo de mayo, según mandaba la Ordenanza 66 de la legislación del Ayuntamiento promulgada el 2 de junio de 1604.

Un hecho sin precedentes y poco conocido es la  artesanía del Punto Moruno, una labor artesanal de costura a mano, desarrollada a principios del siglo XIX por una costurera que trabajaba para la empresaria Dña. Cruz Rincón, llamada Bonifacia, ambas de Caleruela. El dibujo de la labor procedía de un plato africano traído a España por un funcionario de un consulado de ese continente y que regaló a  Cenobia  Camprubí, esposa del poeta Juan Ramón Jiménez. Cenobia tenía un concierto económico y empresarial con Cruz  y fueron las dos artífices de la divulgación de dicho bordado, que se caracteriza por tener las dos caras de  la tela bordadas de igual forma.

Es pues una labor nacida en Caleruela y sólo un escaso número de mujeres de este pueblo la saben ejecutar, lo que hacen con verdadero primor. Dada su dificultad y la época que vivimos, la podemos considerar como una joya artística próxima a extinguirse. Esperemos sea el nuestro un granito de arena para que tal cosa no ocurra nunca y esta labor se mantenga en el futuro.

 

CALERUELA HOY

Actualmente Caleruela ha quedado reducido a un pequeño núcleo sin claras perspectivas de desarrollo futuro en el que los habitantes en su gran mayoría viven de la agricultura y ganadería, existiendo solamente dos industrias propiamente dichas: una cerrajería y una carpintería, si bien ambas por la calidad de sus trabajos están en continua expansión, algunas pequeñas empresas dedicadas a la construcción, una empresa de instalaciones eléctricas (también en continuo desarrollo), dos establecimientos dedicados al comercio de la alimentación, dos bares y dos casas rurales donde se alojan los visitantes que desean conocer más íntimamente Caleruela. A ellas podemos añadir como antes hemos hecho notar la tradicional artesanía del bordado, aunque en este caso en recesión.

Por lo que se refiere al lugar, éste, aunque no ha mostrado un fuerte incremento, se está continuamente remozando ya sea por la construcción de nuevas viviendas, aprovechando y remodelando las antiguas o levantándolas de nueva planta, pues todos los hijos del pueblo, otrora emigrantes, vuelven con frecuencia y fijan una de sus residencias en Caleruela, ya sea por las construcciones públicas: parques y arbolados, piscina pública, instalaciones deportivas, Centro Social, Hogar de los Jubilados, Residencia para la 3ª edad, etc...

 

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